La imposible estafa de un cubano vía Internet

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HAVANA TIMES — El 22 de febrero, al chequear mi buzón en correos de cuba.cu encontré uno de esos mensajes indeseados que trasmite el automatismo de la red sin que el destinatario sepa quién le escribe y por qué le escogieron. Generalmente borro esos spam, pero a veces la curiosidad se impone: me proponían ayudar en la entrega de una importante donación monetaria destinada a los niños cubanos. Era el comienzo de un curioso camino hacia la estafa.

Firmaba Mr. Ringle K. David, quien se retrató de la siguiente forma:“Padezco una cardiopatía congénita., a mis 59 años puedo morir en cualquier momento y dejaré una fortuna superior a los 4 millones de libras en Inglaterra, fondo que desearía donar a los niños cubanos a través de usted.”

Después de explayarse en la maldad inherente a los humanos, terminaba aceptando que había gente buena y yo era una de ellas, agregando que el 40 % de su cuenta bancaria quedaría a mi personal disposición.

El camino de la estafa había comenzado:

Sensibilizar a la presunta víctima para adormecer sus sentidos, y alejarla del peligro real.

Ofrecer un cebo o señuelo, en este caso parte de la fortuna.

El miércoles 24 envié la primera respuesta, aceptando su filantrópica proposición, pero con ciertas opiniones incisivas: “¿Por qué usted me escogió y cómo supo de mi persona? Tratándose de una obra caritativa, no pido dinero alguno, únicamente el mínimo necesario para ejecutar la misión.” Ofrecí las opciones de Caritas de la Iglesia Católica o la representación en Cuba de Unicef en calidad de receptores de la “donación”.

Al día siguiente recibí un mensaje desde Birmingham, cuyo encabezamiento copio:

Malcolm Brookes
Director, Foreign Remittance
Al Rayan Bank PLC.
PO Box 12461 Birmingham
B166AQ United Kingdom
Tel: +447790853546
Email: [email protected]
www.alrayanbank.co.uk

El nuevo Míster, vaya usted a saber si es el otro rostro del estafador un la “pala”, así llamamos entre cubanos al colaborador del estafador principal, me propone lo siguiente:

“Las leyes británicas imponen restricciones a una transferencia directa hacia Ud. en Cuba, tiene que crearse una nueva cuenta a su nombre aquí en nuestro banco, entonces podremos transferirle los fondos de K. David. Esperamos su respuesta sobre este arreglo.”

Casi de inmediato el señor Ringle, supuestamente hospitalizado en Nueva York, me envía su fotocopia de pasaporte, solicitando mis datos personales.

Continúa la estafa su camino:

Se ha creado un clima de confianza. Efectivamente, el Al Rayan Bank existe, y el señor David envía fotocopia de su pasaporte británico. Con paciencia llegará el momento de la mordida.

Malcolm Brookes, el flamante Mánager de las transferencias bancarias, suelta la andanada: “Usted debe enviarnos 500 £ con el objeto de crear la cuenta y así proceder a cumplir la voluntad del señor David. Una vez hecho esto, podrá extraer dinero según sus deseos.

Respondo: “De acuerdo a la lógica, tratándose de una suma millonaria, yo debería firmar algunos importantes documentos, lo cual complica las cosas desde Cuba.”

Malcolm otra vez: “Nada de eso, puede hacerse sin su presencia en el Reino Unido, basta con abrir la cuenta y hacemos el depósito a su nombre.”

Paso mis dudas al señor Rigle, copiándole parte de los mensajes desde el Al Rayan Bank y este insiste: “El dinero de la cuenta suya no puede proceder directamente de mis fondos, si yo finalmente le transferiré una suma tan grande, es poca cosa para usted enviar al banco las 500 £ solicitadas.”

¡Vaya con las 500 libras! Si el donante está interesado en realizar una operación monetaria de gran envergadura, depositar 500 no le significa mucho, cualquier allegado de su confianza puede hacerlo sin implicar al banco.

La estafa ha llegado al momento definitorio:

La víctima debe estar lo suficientemente esperanzada de la “gran ventaja” que recibirá para que en consecuencia suelte lo “poco que se le pide”. Para el estafador es suficiente, ha invertido solo palabras y espera recibir unos 750 dólares. ¡Buen negocio!

Solo que Mr. Ringle Keith David parece desconocer la Cuba socialista. Sabía que soy profesor de Historia y Filosofía y ejerzo el periodismo profesionalmente, pensó que podía disponer de la suma solicitada. Falso, los profesionales cubanos andamos muy lejos de contar con tantos dólares o libras en nuestros bolsillos.

Hubo un desconocimiento adicional: El sistema bancario cubano, monopolio estatal, no está diseñado para que los ciudadanos transfieran divisas hacia el exterior, únicamente, como un gigantesco embudo, aspira a recaudar todo lo que viene desde afuera.

Aun cuando yo hubiera caído en la trampa, esta vez las reglas del estado autoritario me salvaban de la pretendida estafa.

Fuente: HAVANA TIMES

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