Nos ven como apestados

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HAVANA TIMES — De una reunión, de esas que suelen dar provecho y no disgustos ni pérdidas de tiempo, de nuestro equipo y sus imprescindibles colaboradores, brotó con fuerza telúrica la preocupación de muchos compatriotas lectores acerca del controversial tema del pasaporte.

A pesar de la seriedad del asunto, no pude menos que sonreír para mis adentros y desempolvar aquella melodía del grupo español Los Brincos cuando finalizando los sesenta nos cantaban:

“Lo que te voy a decir lo he visto en tu pasaporte. No me fiaba de ti y te quité el pasaporte. Ya no me puedes mentir he visto tu pasaporte. Dirás que huyo de ti y no querrás comprenderme. Ahora sé que ya no puedo quererte. Ahora sé que nunca volveré a verte porque mientes, porque mientes”.

Los más viejos que pongan la melodía tan pegajosa para que los jóvenes puedan conocerla lo más fielmente posible.

Qué premonición la de aquellos muchachos que sólo pretendían entretenernos y alimentar nuestros sueños de adolescentes e indirectamente, tal vez como un propósito oculto de alguien que dictaminara qué oír y qué no oír, alejarnos de la música que llegaba de otras bandas, pero en inglés. Esto, teniendo en cuenta de que Los Brincos también la cantaban en lengua de Shakespeare para entonces los cubanos que en tan temprana fecha habían abandonado el país pudieran disfrutarla a su manera.

Tristes pero que muy tristes historias nos ha traído este documento. Felices no conozco ninguna salvo para aquellos en que las 32 páginas sirvieron para abandonar definitivamente el país en aquellos momentos.

Muy de cerca lo de aquel cubanoamericano que la compañía para la que trabajaba (Continental), y que tenía muy buenas migas comerciales con Havanatur, fue retada por esta última para un encuentro amistoso de béisbol en las instalaciones del parque Lenin.

Ignorando regulaciones, entregó a las relaciones públicas de donde laboraba su pasaporte norteamericano. Al llegar al aeropuerto de Rancho Boyeros se le negó la entrada al país, se le prohibió hacer llamadas telefónicas, fue devuelto en el mismo vuelo y, lo peor, no se le permitió dejar en tierra unos medicamentos imprescindibles para su padre moribundo, un héroe de la Revolución.

Ojalá bien pronto nuestro pasaporte deje de gozar tan mala fama y su portador no se vea inmiscuido en lamentables acontecimientos donde oficiales de inmigración de no pocos países nos ven como apestados y seamos objeto de segregaciones, interrogatorios e inspecciones tan degradantes no sólo en aeropuertos del primer mundo, sino hasta en el más humilde donde la torre de control está encima de un cocotero donde un chimpancé se saborea un plátano a la par del controlador de vuelos.

Rumores de cambios los hay por algunos puntos cardinales, pero en esta profesión no constituyen noticia. Habrá que comenzar a tocar puertas para que alguien se digne a responder muchas interrogantes de nuestros lectores y, con suerte, conocer de lo actual y de lo que se pudiera avecinar. Tanto, que hasta veremos si es que no hay una segunda versión desconocida de El Pasaporte, de Los Brincos.

Original de havanatimes





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