¿Qué se añora de Cuba cuando se está lejos?

Dicen que la vida se compone de pequeñas cosas, de pequeños momentos que atesoramos en nuestros recuerdos y que añoramos a veces. Para los cubanos que se encuentran lejos de su tierra esa añoranza toma formas muy concretas. Muchas veces no se llora por Cuba, sino que se recuerdan esos momentos que hacían tan feliz la vida.

Se extraña el barrio donde se nace, el que te vio crecer, ese en el que se hicieron los primeros amigos, donde se encontró el primer amor, donde se fue feliz hasta tocar el cielo o donde te refugiaste a llorar. Se extraña a la familia, esos que estuvieron siempre a tu lado y te apoyaron cuando más los necesitabas, a los abuelos, esos seres cómplices que siempre te salvaron de castigos y encubrieron tus acciones.

Como no añorar la comida de tu mamá, las fiestas en el barrio, el juego de dominó en la esquina con los compinches de siempre, esos que, aunque otro te sustituya de modo ocasional, sigan pensando que ese puesto de la esquina es el tuyo, para siempre.

Cuanto deseas interactuar con los vecinos, esos bulliciosos vecinos a los que odiabas cuando no te dejaban escuchar la televisión con sus gritos. Esos que siempre intercambiaban favores, “préstame azúcar, dame sal, tienes aceite”. Acciones que te parecían lo más normal del mundo cuando vivías en Cuba, pero que ahora quisieras escuchar de nuevo.

Hasta extrañas a la chismosa del barrio, ese personaje que no puede faltar en los barrios cubanos que siempre lo sabía todo y le contaba a tus padres tus maldades. Extrañas sentarte en un parque saludar a todo el que pase sea conocido o no.

Llevas por dentro esas pequeñas cosas, esos pequeños momentos que viviste y que quieres repetir, a los cubanos en el exterior nos mata la añoranza.

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