Vladimir, de Miami a La Habana en lancha

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Vladimir es un hombre emprendedor. De esos que no se cansa de inventar, de buscar maneras para hacer dinero, aunque con esfuerzo y sacrificio, no le gustan las cosas fáciles. Es también uno de esos cubanos solidarios, anda por la vida regalando lo que tiene sin esperar nada a cambio, prefiere dar que recibir.

Ha tenido muchas mujeres -y por consiguiente hijos- se puede decir que es un buen amante de las féminas y de su tierra. Sin embargo -y contrario a lo que les dije anteriormente- Vladimir intentó salir de Cuba ilegalmente en 18 oportunidades, hasta que un buen día por fin consiguió su sueño de vivir en Estados Unidos.

Allá se radicó en Hialeah con unas primas que lo acogieron. Trabajaba más de 12 horas al día lejos del hogar en una empresa que se dedicaba a la instalación de árboles artificiales en jardines. Ganaba bien, le alcanzaba para sus gastos e incluso podía enviarle ayuda a su familia que esperaba noticias suyas en un rincón de La Lisa, en La Habana.

Todo iba de maravillas. Su vida cambió aquella mañana en que recibió una llamada telefónica desde Cuba, la esposa le anunció que su sobrino, al que Vladimir quería como un hijo, estaba enfermo de cáncer y, lamentablemente, sus días de vida estaban contados. Por la noche ya la decisión había sido tomada. Regresaría a su país inmediatamente. Dejaría todo lo que había conseguido.

No fue sencillo volver. Tuvo que pagar mucho dinero para irse en una lancha. Llegar también fue duro, pero pudo ver al niño que tanto quería, llegó a abrazarlo, a besarlo, lo hizo reír a él y a su madre ya sin fuerzas y con el corazón desecho. Vladimir estaba en Cuba de nuevo, poco tiempo después de su retorno, Ángel Luis (su pequeño sobrino de solo 11 años de edad) falleció.

Y entonces muchos creyeron que Vladimir regresaría al lugar en el que dejó todas las posibilidades de desarrollo. Sin embargo, jamás lo hizo. Se quedó en La Lisa, con su esposa, sus hijos y su Cuba, volvió para quedarse en esa isla que tanto extrañó y a la que juró no dejar jamás.

Esta publicación es propiedad de Cubanos Gurú

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